¿Un país sin futuro?

Parece que España ahora empieza a ir mejor. Pero… ¿cómo estaremos dentro de no muchos años? ¿Nos hemos parado a pensar cómo nos afectará en el futuro lo que hoy estamos construyendo? Tal vez sea el momento de parar y reflexionar.

 

 

 

Parece que el halo de pesimismo que ha reinado en España durante los últimos años, empieza a dejar paso a una prudente esperanza necesaria para revitalizar la economía de un país y aumentar la confianza de los inversores. Según los últimos datos publicados,  el FMI (Fondo Monetario Internacional) pronostica un crecimiento del PIB español del 2% en 2015 y un 1’8 en 2016. Según su pronóstico, España es el país que más crece en la zona Euro, por encima incluso de Alemania que la sitúan en un 1’3% y un 1’5 en 2015 y  2016 respectivamente. Además, el paro ha descendido en 13.538 personas este febrero, el mayor descenso registrado desde 2001, y sitúa el número de desempleados en 4.512.153 personas según ha publicado el Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Una cifra todavía muy elevada pero en descenso. Ni los economistas más pesimistas pudieron predecir la profundidad de esta crisis. Pero parece que la situación se está estabilizando, o como mínimo parece que no empeora, y 2014 ha sido el primer año en el que se ha empezado a crear empleo después de 6 años destruyéndolo. Aun así, la cifra de paro actual se sitúa en el 23’7% y no sé prevé que baje del 20% en los próximos años.

 

Con estos datos en la mano parece que vamos por el buen camino pero… intentando ir un paso más allá: ¿Qué futuro podemos esperar?


Durante los últimos años, España ha pasado de ser un país receptor de inmigrantes a ser un país emigrante por falta de oportunidades laborales. Por un lado, la economía española ha retrocedido hasta casi 10 años y, por el otro, la población no ha dejado de crecer pasando de 44 millones de habitantes en 2005 a casi 47 millones en 2014. Muchos economistas señalarán que este es el motivo por el que “sobra” gente en este país. ¿Quién sobra y quién se va? Según  Amparo González-Ferrer, investigadora de la Fundación Alternativas y autora del informe “La nueva emigración española. Lo que sabemos y lo que no”, calcula que alrededor de unos 700 mil españoles han emigrado al extranjero entre 2008 y 2012 por culpa de la crisis. Una cifra difícil de calcular pero que, en cualquiera de los casos, nos dan una idea aproximada de la magnitud de este fenómeno. Es difícil poder demostrar con exactitud si este fenómeno se debe a un “espíritu aventurero” o a una “fuga de cerebros” pero teniendo en cuenta el perfil del emigrante actual, situado en una franja de edad de 35 a 50 años, demuestra una creciente emigración de tipo laboral. A diferencia de otras épocas, parece que la gente que está emigrando es la llamada “cualificada”, con estudios superiores y que busca nuevas oportunidades en Alemania, Inglaterra, etc. Y entonces… ¿quién se queda?

 

Si buscamos datos sobre el nivel de estudios nos encontramos que la mitad de los españoles de entre 25-65 años no han terminado el Bachillerato. Un cuarto de los jóvenes de entre 15-29 años son ni-nis, ni estudian ni trabajan. Mientras que en otros países de la UE el índice de ni-nis ha descendido, en España ha aumentado los últimos años situándose en un 24’4%, lo que corresponde a casi 2 millones de personas si cogemos los datos del censo del INE. Sea por falta de trabajo o falta de formación acorde al mercado laboral, de cara a futuro se plantea un gran problema: recientemente se ha presentado el estudio “La formación y empleo de los españoles. Trayectoria reciente y escenario futuro”, realizado por el BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, en el que pronostican que en el 2025 aumentarán las oportunidades laborales de los jóvenes españoles pero que las probabilidades de empleo se centrarán en los perfiles más cualificados. Por el contrario, los perfiles con menor formación quedarán fuera del mercado laboral, según el mismo estudio.  Entonces… ¿No estamos haciendo algo mal?


Escribir comentario

Comentarios: 0