¡Un momento por favor!

No sé vosotros pero en las empresas –multinacionales- en las que he trabajado, y trabajo, no paro de oír: Quick wins. Quick wins. Quick wins. Quick wins. Push. Push. Push. Push.

¡Lo quiero para ayer! Parece ser la expresión que más predomina  en nuestras vidas laborales desde hace tiempo. Todo lo queremos al momento, pidiéndolo en el último minuto y con resultados inmediatos. La expresión de “más vale tarde que nunca” suena hasta irónica. Hay cosas que requieren su tiempo y, por mucho que queramos, no se pueden hacer más rápido. Y cuando no lo conseguimos nos provoca ansiedad y estrés. ¡Maldita ansiedad! ¡Maldito estrés!


Intenta poner un bizcocho a cocer al horno a 200º 20 minutos en vez de 45’ a 175º. ¿Saldrá bien o mal? O regar un planta con más agua pensando que así crecerá más rápido ¿Crece o la ahogas? Si las respuestas son claras ¿por qué nos empeñamos en acelerar el ritmo natural de las cosas?  Porque exactamente eso es lo que estamos intentando hacer día tras día en nuestro trabajo. Los correos electrónicos nos permiten hacer las tareas más rápido, las aplicaciones informáticas ser más productivos y el teléfono móvil estar siempre localizables. Todo por no esperar a que llegues a casa o al trabajo. Somos súbditos del tiempo desde hace mucho tiempo. El tiempo es un tirano y nosotros nos hemos rendido a sus pies.


Pero tranquilos…. en contraposición a todo esto, está naciendo una nueva cultura: La cultura del slowdown. O lo que es lo mismo: la cultura de la desaceleración o frenar el ritmo del trabajo. La cultura del Slowdown no es más que un movimiento cuyo objetivo es que dejemos de ser súbditos del reloj, que nos demos un respiro y desafiemos al estrés y al ritmo acelerado. Al final, se trata de no mirar el reloj y empezar a disfrutar de las cosas sin tener en cuenta el deadline, o mejor dicho, tener fechas límites más amplias y más razonables. Del trabajo también se puede disfrutar, es más, es más que recomendable hacerlo. Y ahora pensaréis: si todo eso está muy bien pero… ¿se lo dices tú a mi jefe? Obviamente, no es una tarea fácil decirle al jefe que necesitas más tiempo. Es un tema cultural, cambiar el chip y tomarse el tiempo necesario para desarrollar los proyectos. Pero tiene todo el sentido del mundo.


Algunos países ya lo están poniendo en marcha. Como no en el norte de Europa. Pero el caso que más de cerca conozco es el de Alemania. Lo cierto es que allí los proyectos cuentan con fechas de trabajo mucho más amplias. Y cuando digo mucho más amplias, me refiero a mucho más amplias. Sin embargo, desde la sucursal española lo percibimos como proyectos eternos -¿cómo pueden tardar tanto?- pensamos. Pero nadie duda de la productividad alemana, pero sí de la española. El estrés y la ansiedad que nos provoca no llegar a tiempo y tener que hacer todo “aquí y ahora” no es precisamente motivador. Más bien al contrario. No hace mucho leí un artículo del vicepresidente senior de gestión de personas de Google Laszlo Bock – y yo pensando que eso era un Director de Recursos Humanos-  en la que hablaba sobre las fórmulas para retener a los mejores empleados en la empresa. Él parte de la premisa que el trabajo debe ser un lugar motivador puesto que es el lugar donde más horas pasamos al día. Si una persona está valorando marcharse pondrá en una balanza su sueldo, los beneficios como empleado, etc. Pero lo que realmente le retendrá serán sus compañeros y el buen ambiente en el trabajo, es decir, la motivación de estar en un lugar donde se encuentra bien y le guste. Ni el sueldo y ni mucho menos la ansiedad y el estrés.


En definitiva, algo que he aprendido estos días: tómate el tiempo que haga falta para poner en marcha tu proyecto. Así lo estoy haciendo. Así lo haré y os puedo decir que lo estoy disfrutando.


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