El jet-lag y la productividad española

Vivir y trabajar de día, dormir de noche. Se supone además que ajustamos dos veces al año el reloj para adaptarlo al horario solar y así aprovechar mejor las jornadas. Sin embargo, muchos no saben que en España  vivimos en un huso horario que no nos corresponde. ¿Cómo nos afecta?

En 1942, en plena guerra mundial, Alemania obligó a varios países de su influencia a cambiar su horario y adoptar el de la Europa Central. Mientras Inglaterra o Portugal volvieron a su horario tras la guerra. España y Francia lo mantuvieron. Desde entonces, vivimos en un jet-lag continuo y  mientras nuestro reloj marca la 13h, para el sol son las 12. En Barcelona o Zaragoza esa diferencia es más bien poca por su proximidad al meridiano pero en Galicia el desfase horario llega a ser de casi dos horas. ¿Cómo nos afecta en nuestra forma de trabajar?

 

Desde hace tiempo algunos sectores están trabajando por el cambio del huso horario español y en 2013 una subcomisión presentó un informe en el Congreso sobre la Racionalización de Horarios, la Conciliación de la Vida Personal, Familiar y Laboral y la Corresponsabilidad. Expertos en esta materia afirman que si se come a las 14h y se cena a las 21h, se debería empezara a trabajar a las 10h. Sin embargo, solemos empezar a las 9h y no acabamos hasta las 17h, las 18h o las 19h, y en algún sector incluso hasta más tarde. ¿Qué ocurre? ¿Qué consecuencias tiene? Que se alargan jornadas y se es menos productivo aunque se pasan más horas en el trabajo, sin mencionar que entonces se disfruta de menos tiempo libre.

 

Desde que se inició la crisis económica en 2008, los diarios han recogido de forma periódica que La Unión Europea exige a España que tome medidas para ganar en productividad: ¿Retrasar el horario puede solucionar este problema? Probablemente, no. Lo cierto es que adoptar una medida de estas características de forma aislada no tendría ningún efecto si no hay un cambio de mentalidad y forma de ser y entender el trabajo. En España, se confunde estar más horas en el trabajo con trabajar. El diario El País en su artículo publicado el pasado mes de febrero decían que en España se sigue valorando el presentismo laboral y ello hace que la gente decida quedarse más rato en el trabajo, aunque sin trabajar. La crisis económica y el miedo a quedarse sin empleo seguramente lo ha agudizado. Sin embargo en países del norte de Europa este presentismo es incluso contraproducente y puede tener dos significados: que el supervisor ha encargado más trabajo del que debería y, por tanto, ha hecho una mala planificación; o que el trabajador no es capaz de realizar sus tareas a tiempo y, en definitiva, es lento.

 

Al final, el empresario, director o presidente de una compañía debería empezar a reflexionar al respecto y hacerse una pregunta: ¿quieres personas que hagan su trabajo o que estén en el trabajo? Si la respuesta es clara, solo hace falta cambiar el chip.


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