El poder de pensar en positivo

Una persona cercana a mí está pasando por una situación complicada. Tiene diagnosticado un cáncer y sus esperanzas de vida son escasas. El tratamiento al que está sometida solo le permite alargar su vida pero no curarse. La última vez que hablé con ella me dijo que independientemente de si se encontraba bien o mal, o de haber podido salir a la calle o de haberse quedado en casa, tenía que dar las gracias por vivir un día más. Eso es lo que yo llamo pensamiento positivo.

 

 

 

 

El vaso se puede ver medio lleno o medio vacío. Y generalmente lo vemos medio vacío. Nos quejamos porque nos sobran unos quilos, porque nuestra oficina está lejos o porque nuestro proveedor ha entregado un trabajo tarde. Llegamos a casa y seguimos en el mismo bucle. Una cosa es tener expectativas -ambición-  y querer llegar más alto o más lejos y otra muy diferente es quejarse por todo y por todos. 

 

Si encendemos el televisor para ver las noticias o leemos un periódico, veremos un alto porcentaje de noticias negativas. Da hasta miedo. No es que esas cosas no ocurran, ni tampoco es que no deban explicarse. Pero en el mundo también pasan cosas buenas y bonitas que son merecedoras de verse explicadas. En realidad, ver el vaso medio lleno o verlo medio vacío tiene que ver en cómo nos han educado, un factor cultural. No hace mucho leía un artículo muy interesante sobre la técnica del bolígrafo verde. Cuando éramos pequeños y el profesor corregía un examen, o unos ejercicios, marcaba en rojo aquellas cosas que estaban mal. Un rojo intenso para que se viese. Ya podías tener 2 fallos de 10, lo que quedaba registrado en tu mente era que habías fallado 2 y no que habías hecho 8 bien. En este artículo del bolígrafo verde, justamente lo que propone es hacerlo al revés: reforzar aquello que se ha hecho bien de una manera visual muy sencilla. No confundamos, no se trata de no ver en qué hemos fallado sino poner el acento en aquello que hemos hecho bien y así reforzar la autoestima, la seguridad y, sobre todo, las ganas de intentarlo de nuevo para hacerlo aún mejor. En definitiva, ser más optimistas y ser más positivos.

 

El pensamiento positivo es justamente ver el vaso medio lleno. La negatividad trae más negatividad, y del mismo modo la positividad trae más positividad. Estudios de la Clínica Mayo demuestran que las personas con cáncer diagnosticado más optimistas en estudios longitudinales viven un 19% más de tiempo. Tener la esperanza de que un tratamiento les pueda curar es el primer paso para intentarlo. Aplicado al emprendimiento, ser optimista y pensar que poner en marcha un negocio te va a salir bien, es el primer paso para intentarlo. Al final, el pensamiento positivo es el motor de nuestro bienestar y define como pensamos, que influye en cómo nos sentimos y cómo actuamos.

 


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