Nada es para siempre

¿A quién le importa el futuro si ya tenemos bastante con preocuparnos por el presente? Vivimos en un mundo tan dinámico que no nos deja tiempo material para preocuparnos por el mañana.  Lo efímero, lo provisional y el presente son las características principales y las señas de identidad de la nueva generación que está subiendo. Pero irónicamente, aunque no lo parezca, tampoco hemos cambiado tanto respecto a las generaciones anteriores.

Hace poco empecé a ver una nueva serie llamada Downtown Abbey. Hace ya algún tiempo que se emitió pero yo no la he descubierto hasta ahora. Una historia basada en la aristocracia inglesa de principios del siglo XX que además hace un recorrido por la historia: empezando por el hundimiento del Titanic y, hasta donde he visto, la llegada de los felices años 20.  Pero es además una serie que muestra como llega la electricidad a los hogares, el teléfono, los coches y hasta las neveras a la vida doméstica de las personas. Reflejan como alguna gente, especialmente los mayores, les cuesta más adaptarse al cambio y como a otras, principalmente los jóvenes, suben con nuevas ideas para afrontar el futuro.

 

Esa época y esa forma de ser y afrontar la vida no dista tanto de nuestros tiempos. Lo podemos ver a diario en la vida política, en las empresas y hasta en nuestros hogares. Siempre hay personas que quieren seguir haciendo las cosas de la misma manera porque consideran que ya funcionan, mientras otras, quieren cambiarlas para que funcionen mejor. La diferencia entre esos tiempos y los de ahora radica más en cuánto tiempo se necesita para cambiar. Ahora –simplemente- todo es más rápido y hemos cambiado más en los últimos 15 años que en los 50 anteriores. 

 

Pero hay también otro factor común entre la sociedad de antes y la de ahora: la creatividad y la búsqueda de nuevos caminos para sobrevivir. Siguiendo con el ejemplo de Downton Abbey, se refleja como la clase alta inglesa, propietaria de latifundios, tuvo que reinventarse y adaptarse a los nuevos tiempos para no perder sus propiedades. Y  como la clase trabajadora, muchos de ellos lacayos y sirvientes de esa aristocracia inglesa, tuvieron que adaptarse también a los nuevos oficios para enfrentarse a la penurias de la época de entreguerras.

 

No somos tan diferentes: la creatividad y el ingenio están ahora pero también estaban antes. El siglo XX y el siglo XXI no son tan distintos en este sentido. En el fondo ha pasado siempre en la humanidad: adaptarse o morir. Y eso mismo es lo que estamos viviendo ahora aunque es una revolución en la que se piensa en el aquí y ahora, ¿el futuro? Ya se verá. Pero la creatividad sigue aquí. Siempre ha estado allí, y en los negocios aún más. 


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