El misterioso caso de ser un buen jefe

Exacto. Misterioso. ¿De verdad es posible ser y/o encontrar un buen jefe? ¿O el jefe está predestinado a ser malo, tonto, pecar de no saber nada, de ser un enchufado, de ser un pasota y de dejarse engañar? Es cierto, ser jefe o –mejor dicho- ser un buen jefe no es tarea fácil.

 

 

 

 

 

Permítanme hacer un símil y hablar de algunas especies animales y cómo es su forma de organizarse. Podemos empezar por los lobos. La manada de lobos suele estar estructurada según una estricta jerarquía social y liderada por un macho y una hembra alfa. El grupo  suele contar con entre 6 y 20 sujetos siendo los miembros omega los que menor rango tienen. La jerarquía se sigue estrictamente definiendo incluso quién come primero y quién el último. Ganar o perder rango en la manada puede producirse de forma gradual o repentina, y no siempre es resultado de una lucha entre miembros sino a veces se trata de una guerra psicológica. Por ejemplo, un miembro viejo puede decidir apartarse y ceder su posición al retarle un miembro más joven y ambicioso. Por otro lado, podemos hablar de los leones que funcionan de forma bien distinta a la de los lobos. Las manadas de estos félidos suelen estar formadas por unas 5 ó 6 hembras, emparentadas entre sí junto a sus crías. Suele haber uno o dos machos, aunque en algunas ocasiones suelen aumentar hasta cuatro. Las hembras son las que cazan mientras los machos permanecen en el territorio patrullando y defendiéndolo de los forasteros e intrusos. En la mayoría de las ocasiones, los machos suelen ser expulsados una vez alcanzan la madurez.

 

Podríamos seguir analizando multitudes de especies y formas de agruparse pero siempre veremos que hay un mismo patrón: todos y cada uno de los miembros de una manada, del primero al último, tienen su lugar y su función bien definida para funcionar correctamente y sobrevivir. Lo mismo pasa con la raza humana que tiene una forma caractrística de agruparse y, si somos más concretos, en el mundo occidental cada una de las empresas tienen formas distintas de funcionar y organizarse.  Pueden haber estructuras verticales, horizontales, lineales o globalizadas etc. Pero lo que verdaderamente importa - y lo que lleva mucho tiempo diciéndose- es que el equipo humano es el activo más importante de cualquier compañía. Y es verdad: el equipo puede ayudar a una empresa al éxito pero también puede llevarla al más absoluto de los fracasos, aun teniendo una buena idea y aún teniendo un buen proyecto.

 

Ahora no está de moda ser un buen jefe, lo que se lleva es ser un buen líder. De hecho, desde hace algún tiempo para acá, no dejo de ver en Internet las diferencias entre un jefe y un líder. Ahora todas las teorías del liderazgo, de la gestión empresarial están destinadas a saber como gestionar equipos, como liderarlos. En definitiva, se trata de enseñar a los managers y/o emprendedores cómo ser un buen líder en vez de ser un mal jefe para saber gestionar ese activo tan importante. Pero la lista de características y requisitos es larga. Empecemos: Un líder debe aconsejar y guiar, habla de “nosotros”, inspira entusiasmo, se preocupa por las personas, comparte éxitos, habla de nuestra empresa, tiene un equipo de trabajo y reparte bien las tareas. Promueve la acción, otorga autonomía y libertad, delega actividades y proyectos, piensa antes de hablar. Hace que el trabajo sea interesante y mira los problemas como oportunidades. Trata a las personas como personas, llega antes, da ejemplo y considera la autoridad un servicio de privilegio.

 

¿Eso es todo? No, porque además de todo esto entendemos que debe cumplir objetivos, conseguir que el negocio sea rentable, próspero y, por tanto, económicamente viable. A mí personalmente, todo esto me parece más una lista a los Reyes Magos. Y no es que esté en contra de todas estas teorías pero creo también que debemos ser realistas.

 

Teorías de cómo gestionar equipos seguramente podremos encontrar tantas como psicólogos hay en el mundo. Al final, lo que hará de una persona un buen jefe o un buen líder será si sabe montar un buen equipo, como  ya nos los decía Manuel de Lorenzo en su artículo. No se trata tanto de tener a los mejores en cada área sino de tener a los que mejor trabajan juntos, con funciones y posiciones bien definidas. Al final eso lo que marcará la diferencia y definirá si una persona es un buen o un líder: tener las ideas claras.


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