La Teoría del iceberg y cómo ser un buen corredor de fondo

Tener y no Tener, Adiós a las armas o El Jardín del Edén, publicado póstumamente en 1986.  Ernest Hemingway no sólo fue un reconocido escritor ganador de un Nobel sino también un escritor que dejó huella por su forma y técnica de escritura: la Teoría del Iceberg. A lo largo de los años esta teoría se ha aplicado en muchos ámbitos y hoy la queremos aplicar al emprendimiento.

 

 

 

 

 

El mundo actual y occidental se caracteriza por su consumismo y su deriva a la superficialidad. Leemos un periódico y nos quedamos en los titulares; conocemos a una persona y nos quedamos con la primera impresión; se juega un partido de futbol y al final lo que cuenta es el resultado. En esto de la superficialidad tiene mucho que ver el tiempo o, mejor dicho, la falta de tiempo. Hemos perdido en gran medida esas ganas de aprender y nos quedamos en lo básico e imprescindible. Ese espíritu y esa curiosidad que se tiene de niño,  que te hace avanzar y desarrollarte, muere de adulto.

 

La Teoría del Iceberg de Hemingway consiste en explicar y describir  sólo una pequeña parte de la historia dejando el resto a la imaginación e interpretación del lector. Al igual que un iceberg, sólo vemos una pequeña parte de la gran montaña de hielo. A lo largo de los años, la teoría de Hemingway se ha aplicado a diferentes ámbitos más allá del literario,  también al de los recursos humanos o al de la psicología. En el campo de la psicología, esta teoría hace especial énfasis en lo que el ser humano percibe a simple vista. Aproximadamente, solo advertimos y atendemos al 20% de una realidad y nos olvidamos de explorar e investigar el 80% restante. Por ejemplo, imaginemos que nos encontramos por la calle con una persona que hace poco que conocemos y no nos saluda. Las razones por las que no nos haya saludado pueden ser múltiples: desde que no nos vio, a que no nos quiso saludar pasando porque iba distraído porque estaba preocupado tras una llamada telefónica. Fuera lo que fuere, lo cierto es que no nos esforzaremos en saber lo pasó y nos quedaremos con la primera impresión que tuvimos: es un antipático porque no me saludó.

 

Hay mucho de psicología en el emprendimiento y emprender un negocio está directamente relacionado con el análisis, la toma de decisiones o la búsqueda de financiación. Pero si nos quedamos con lo que hemos visto de manera superficial: ¿cómo se puede tomar una buena decisión con solo el 20% de la información? La Teoría del iceberg aplicada al emprendimiento es justamente eso: la necesidad de indagar y analizar para ir más allá de esa punta  y profundizar en el 80% restante. Hay especialmente algunas profesiones que son muy emprendedoras en ese sentido, como por ejemplo, la investigación. Un investigador que busca una cura contra el Alzheimer: debe adentrarse en el problema, pensar diferente sin saber qué es lo que está buscando. Requerirá tiempo, paciencia pero sobre todo constancia. No quedarse en lo superficial sino indagar en lo profundo. Ese es el verdadero espíritu emprendedor: hay que ser un corredor de fondo.

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