¿Qué pasaría si tu empleado sabe más que tú?: El Síndrome de Procusto

No debería pasar nada pero en realidad sí que pasa. Solo pensarlo, es posible que estés imaginando que te van a quitar el puesto, que te van a despedir o, lo peor, que te van a degradar. Lo cierto es que, ante esta situación, muchos managers o responsables de equipo prescindirían de esta persona perjudicando al departamento.

 

 

 

 

 

En la mitología griega, Procusto era un posadero que ofrecía alojamiento a los viajeros solitarios del Ática. Les ofrecía un lecho de hierro y cuando el viajero dormía, lo ataba y amordazaba a las cuatro esquinas de la cama. Si la víctima era alta, Procusto cortaba las partes que sobresalían y si era bajito, los descoyuntaba hasta estirarlos y adaptarlos a la medida de la cama.

 

Esta historia de la mitología griega se ha aplicado a muchos ámbitos de la vida humana: familiar, política y también empresarial. En el entorno laboral, una persona que está buscando un empleo y rebaja su CV para adaptarlo a un trabajo -y ser contratado-  es un ejemplo de Síndrome de Procusto. Pero Procusto es además sinónimo de uniformidad e intolerancia a la diferencia y, también padece este síndrome, quien busca precisamente eso en su empresa o para su equipo. Por poner un ejemplo, cuando un manager corta las alas a una persona de su equipo porque destaca. Esta situación ocurre de forma muy habitual, coartando la proactividad y motivación de los miembros de todo el equipo pero …¿por qué sucede eso? Seguramente, porque ese responsable de equipos en realidad es una persona insegura, y puede tener miedo a que su superior le despida o le relegue.

 

Desde el punto de vista de recursos humanos y gestión del talento es muy importante tener bien identificados a aquellos managers que padecen de Procusto. En una gran compañía, pueden quedar difuminados pero, en una pequeña y mediana empresa, pueden ser desastrosos.  ¿Las consecuencias?:

  • Mal ambiente de trabajo creando un clima laboral tenso y lleno de estrés
  • No optimización de la capacidad del departamento y, por tanto,  pérdida de productividad ya que se priorizan las necesidades personales del jefe y no las de la empresa
  • Por todo lo anterior, bajan los niveles de calidad de trabajo y, consecuentemente, la competitividad de la compañía

Una empresa –sobre todo pequeña- no puede permitirse un mal ambiente laboral y mucho menos perder productividad o competitividad por no mencionar, el daño que se está haciendo a las personas que sufren un jefe así. De acuerdo con el estudio “Felicidad y Trabajo” realizado por la consultora Crecimiento Sustentante, los trabajadores felices cuentan con un 33% más de energía y dinamismo, mejor adaptación a los cambios y hasta 300% menor riesgo de tener accidentes laborales, que incrementa en un 88% la productividad de tu empresa.  ¿No es este un buen motivo para mejorar la calidad y ambiente en una compañía? ¿Por qué entonces no invertir en la felicidad laboral? ¿No sería este uno de los mejores negocios?  Personalmente creo que sí, pero primero habría que cambiar el chip y, como emprendedores, dejar hacer a los equipos en vez de decirles cómo deben trabajar. El perfil de un jefe no es el mismo que el de un técnico y, por tanto, hacer entender que el manager no es el que debe saber más sino el que sabe sacar lo mejor de cada individuo de su departamento o empresa. Steve Jobs lo resumió muy bien en esta frase: “No tiene sentido contratar a personas inteligentes y luego decirles lo que deben hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan lo que tenemos que hacer”.

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