Hacer el agosto a costa de las madres

Los comercios en general aumentan sus ventas un 15% y, los centros comerciales en particular, las incrementan entre un 15 y un 20% en visitantes y ventas respectivamente. Sin embargo, hay un sector que destaca particularmente y hace su agosto gracias a esta celebración. Un expresión muy castellana que refleja muy bien lo que ocurre El Día de la Madre.

 

 

 

 

 

El Día de la Madre es una fecha muy especial para muchas mujeres, es el día en el que –normalmente- las colman de regalos. Un día familiar que muchos aprovechan para celebrarlo en familia. Una efeméride que además se ha convertido en un significativo aumento del consumo. Por orden, parece ser que las madres prefieren los perfumes, las joyas, la ropa, los bolsos y los libros. Y es que durante la semana previa al Día de la Madre, la venta de perfumes ha crecido un 40% según datos de Nielsen, lo que representa la tercera fecha en importancia del año para este sector por detrás de las Navidades y el Black Friday. Muchos consideran el perfume un regalo seguro y, por este motivo, ahora en los lineales de estos productos pueden encontrarse otro tipo de artículos afines como cremas, terapias hidratantes o maquillaje por poner algunos ejemplos.  Todo con el objetivo de incentivar el consumo y mejorar las cifras de facturación.

Las flores también ocupan un lugar destacado en esta fecha y, según datos de Interflora, representan entre un 15 y un 20% de las ventas anuales, superando incluso las cifras de San Valentín. Además, el valor medio de cada pedido suele rondar los 55-65 euros, también una cifra superior al día de cupido.

El día de la madre es un ejemplo pero también lo es el del padre, el día de San Valentín o el Cibermonday precedido por el Black Friday en noviembre. Sin tener en cuenta las Navidades, las rebajas o el inicio de las vacaciones de verano. Son fechas en las que muchas empresas aumentan sus ventas gracias a sus promociones, precios especiales y regalos singulares. La ventaja: hay una fecha límite y se obliga al consumidor a apresurarse. El inconveniente: si nos fijamos en el calendario, nos pasamos el año entero de promoción en promoción y, al final, el valor promocional acabará difuminándose para convertirse en el valor real de los artículos. Ese es precisamente el problema de estar viviendo en una continua promoción ya que el consumidor se acostumbra a buscar solo por precio y, no consume, hasta que encuentra la oferta más barata. La guerra de precios ha existido de forma cíclica durante años pero sin embargo, la última década de crisis ha hecho que se recrudeciese. Teniendo una visión general, tal vez puedan recuperarse el número de transacciones pero ¿se recuperarán también las cifras de facturación y beneficio?

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